Homero

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Homero

Homero fue el autor —y quizá lo siga siendo hoy— más importante de la Antigüedad. En la escuela, los niños griegos y los niños romanos aprendían a leer y escribir con sus poemas, recitaban sus versos e incluso conocían a los dioses, los pueblos y territorios a partir de las referencias en la Iliada y Odisea. Es difícil encontrar un autor clásico que no admirara e incluso imitara a este legendario bardo. Cicerón y Horacio incluyen en sus obras pasajes traducidos de Homero.

La obra homérica abarca desde la épica hasta el “folk tale”, los cuentos de piratas e incluso escenas de humor. Muestra los colores y sabores con texturas vivas, a los dioses —muy humanos— con sus pasiones más fuertes, a los hombres con sus emociones intensas. Su poesía es un continuo canto a la vida en todas sus variedades, con todas sus situaciones y aventuras. Desde la argucia de Penélope que teje de día y desteje de noche, hasta la resentida ira de Aquiles, la participación de los dioses en la batalla, la sonrisa del hijo de Héctor, la sensualidad de la bruja Circe y la trepidante huida de la guarida de Polifemo.
Sobre si Homero realmente existió, o si no es más que un simple nombre, se ha debatido y escrito durante siglos. No parece haber una respuesta que despeje la duda. La duda de un hombre y un nombre que, por sí solos, ya significan todo en literatura.